El consumo de papas con brotes puede representar un riesgo para la salud debido a la presencia de solanina, un compuesto tóxico que se concentra en los brotes y en las zonas verdes del tubérculo. Organismos como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria advierten que estos niveles pueden aumentar significativamente cuando las papas se almacenan en condiciones inadecuadas.
Según expertos en seguridad alimentaria, la ingestión de solanina en cantidades superiores a 1 mg por kilogramo de peso corporal puede provocar síntomas como náuseas, vómitos y diarrea, con mayor riesgo en niños y lactantes, quienes son más sensibles a sus efectos. En casos más graves, incluso puede afectar el sistema nervioso.
La solanina es una sustancia natural que la papa produce como mecanismo de defensa, pero su concentración se eleva con la exposición a la luz o el desarrollo de brotes. Aunque la cocción a altas temperaturas puede reducir parcialmente estos compuestos, no elimina completamente el riesgo si el tubérculo está en mal estado.

El Instituto Federal Alemán para la Evaluación de Riesgos recomienda evitar el consumo de papas muy brotadas o verdes y retirar de forma generosa las partes afectadas antes de cocinarlas. Si presentan múltiples brotes o sabor amargo, lo más seguro es desecharlas.
El consenso científico indica que un almacenamiento adecuado —en lugares frescos, secos y oscuros— es clave para prevenir la formación de brotes y la acumulación de solanina. Asimismo, entidades como la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición subrayan la importancia de mantener buenas prácticas de conservación para evitar riesgos adicionales, como la formación de sustancias nocivas durante la cocción.
Especialistas coinciden en que la prevención es fundamental: revisar el estado de las papas antes de su consumo y evitar aquellas en mal estado es una medida sencilla que puede prevenir intoxicaciones, especialmente en poblaciones vulnerables.
