NOTICIA DE LAHORA.COM.EC
El repunte de los asesinatos convirtió al 2025 en uno de los años más violentos de la última década en Imbabura, una provincia que históricamente se mantuvo al margen de los picos de violencia criminal que golpean con mayor fuerza a otras zonas del Ecuador.
Las cifras de la Fiscalía General del Estado confirman un quiebre en esa tendencia y colocan a Imbabura en una situación de alerta frente al avance del crimen organizado en el norte de Ecuador.
Según las estadísticas, durante 2025 se registraron 33 asesinatos en Imbabura, más del doble de los 16 casos contabilizados en 2024. Así, el promedio mensual llegó a 2,75 muertes violentas y la tasa provincial se ubicó en 6,6 asesinatos por cada 100.000 habitantes, cifras que posicionan al año pasado como el segundo año más violento de los últimos 10, solo superado por el año 2019, cuando se reportaron 38 asesinatos en medio del conflicto generado por la minería ilegal en el sector de Buenos Aires, en el cantón Urcuquí.
El contraste con otros años es claro, ya que en la última década, la Fiscalía contabiliza 244 delitos de asesinato en Imbabura, con un promedio anual que oscila entre 20 y 25 casos, de 2015 a 2025. El año menos violento fue 2016, cuando se reportaron 10 muertes.
Ibarra, el cantón con más asesinatos
La distribución territorial de los crímenes también revela focos claros de concentración. En 2025, Ibarra, la capital provincial, acumuló 21 asesinatos, seguida por Cotacachi con seis, Otavalo con cinco y Urcuquí con uno.
Si se amplía la estadística a toda la década, desde 2015 a 2025, la capital provincial concentra 140 de los 244 asesinatos registrados, muy por encima de Otavalo (37), Cotacachi (25), Urcuquí (21), Antonio Ante (16) y Pimampiro (5).
Para analistas de seguridad, esta concentración refleja el peso que ha ido ganando Ibarra como centro logístico y de refugio para estructuras criminales, asegurando que el aumento de los homicidios no es un fenómeno aislado.
Fernando Varela, oficial del Ejército en servicio pasivo y experto en seguridad, analizó que el 2025 se muestra como el segundo año más violento de los últimos 10 años en Imbabura, solo superado por el 2019, recordando precisamente que, ese año, la ‘fiebre del oro’ en Buenos Aires repuntó y eso motivó incluso un estado de excepción en la zona, incluyendo una gran incursión militar y policial.
Su lectura apunta a un patrón que se repite: economías ilegales que generan disputas por dominar Imbabura y dejan como saldo un aumento de muertes violentas.
Autoridades locales coinciden en que el antecedente de minería ilegal en Buenos Aires sigue pesando en la dinámica delictiva provincial, donde el desalojo de miles de personas de las minas ilegales en 2019 y los constantes operativos hasta la fecha, al parecer no logran erradicar el problema de fondo.
Incluso, con el paso del tiempo, ese territorio se convirtió en un espacio disputado por estructuras armadas, entre ellas grupos colombianos vinculados al narcotráfico y organizaciones delictivas ecuatorianas como los Lobos, que diversificaron sus fuentes de financiamiento a través de actividades ilegales, como lo ha reportado LA HORA.
Los Lobos, precisamente, no han salido del radar de las autoridades durante 2025, quienes han reconocido incluso un avance de este grupo narcodelictivo en Imbabura.
Por ejemplo, en noviembre, un operativo policial en el sector de Caranqui, en Ibarra, destapó un escenario que confirmó los temores institucionales: la ciudad estaba siendo utilizada como centro logístico por organizaciones armadas. El inmueble allanado funcionaba como bodega de armas, explosivos y droga, en un hallazgo que no tenía precedentes en la provincia.
El general de Policía Víctor Herrera Leiva detalló entonces que “lo que más nos llama la atención es el decomiso de alrededor de cuatro armas de fuego, armas de fabricación industrial de uso bélico, de calibre 223 y 762, así como miles de municiones que fueron incautadas”.
También les llamó la atención los tipos de chaleco. “Son prendas de protección corporal de nivel cuatro. Estos son chalecos que ni siquiera la Policía los tiene, porque son para protección de armas largas”. Para la institución, el arsenal evidenció no solo presencia criminal, sino una capacidad operativa que eleva el nivel de riesgo en la provincia.
Pero la Policía ya advertía ese escenario. El propio Herrera recordó que la captura en Ibarra de alias El Gringo, objetivo de alto valor del Frente Oliver Sinisterra, fue una señal temprana de que la ciudad estaba siendo usada como refugio.
“Eso nos hace ver que la ciudad de Ibarra está sirviendo justamente como el lugar donde estos delincuentes se esconden”, señaló.
Desde el ámbito gubernamental, la lectura es similar. El gobernador de Imbabura, Jorge Aníbal Ortiz Cifuentes, ha reconocido que la seguridad se ha convertido en uno de los principales desafíos provinciales.
“Hoy el crimen organizado en Ecuador evidencia una transformación del conflicto armado dentro de los límites de nuestra querida patria”, afirmó durante su posesión, al referirse a la presencia de bandas y estructuras armadas que operan fuera del control estatal.
“Nos arremeten tres amenazas: el crimen organizado, el narcotráfico y la minería ilegal”, sostuvo, subrayando que la presencia de estos grupos en parroquias urbanas de Ibarra confirma un nivel de penetración que obliga a respuestas más contundentes.
“Lo que llama la atención ya es la presencia en la ciudad, en parroquias urbanas del cantón Ibarra, que demuestra que estamos penetrados por el crimen organizado y hay que actuar”, aseguró.
Así, el 2025 cerró con un balance que deja a Imbabura frente a uno de los mayores retos de seguridad de su historia reciente, donde el aumento de los asesinatos, la concentración de la violencia en zonas urbanas y la confirmación de estructuras criminales con alta capacidad operativa marcan un escenario que exige respuestas más allá de los operativos puntuales.
Para las autoridades y la ciudadanía, las cifras ya no son solo estadísticas, sino una señal clara de que la violencia organizada dejó de ser una amenaza lejana y se instaló en las actividades cotidianas de la provincia.
